R6- 09 Juventud y proyecto de vida
Luz Katzumi Flores Ríos*
Este artículo presenta algunas recomendaciones al adolescente a fin de ayudarle a identificar su misión vocacional.
Cada persona a lo largo de su vida ha tomado un sin fin de decisiones, algunas simples y habituales, pero en muchas ocasiones sin percatarnos del alcance que éstas pueden tener debido a que en conjunto afectan e influyen nuestro estilo y modo de vivir. Algunas más, no sólo son importantes para el presente sino que sus consecuencias alcanzarán un futuro más allá de lo que podamos prever marcando nuestra vida.
Ese acto de decidir en un laberinto contra reloj con inimaginable salidas y respuestas donde cada elección tendrá un efecto palpable en nuestras vidas en muchas ocasiones no será de nuestro agrado y nos enfrentará a un destino al que no tuvimos oportunidad de desafiar pero del cual somos los únicos responsables. Mejor será tomar el timón con nuestras manos y empezar a elegir conscientemente esta ruta para hacernos responsables de las consecuencias.
Es aquí donde un proyecto de vida cobra importancia. Vivir sin una razón se convierte en un proceso sin objetivos, ni metas. ¿Qué relación tiene esto con los adolescentes? La juventud es una etapa crucial para empezar a diseñarlo. Es aquí cuando los sueños, expectativas y deseos de cada uno toman forma para trazar la ruta del camino que se seguirá.
Al concluir con los estudios de secundaria y bachillerato, los jóvenes se enfrentan con la decisión de seguir estudiando o no, surgiendo más dudas y confusiones sobre su futuro, estas interrogantes son clarificadas gracias a un proyecto de vida, dando una aspiración, un plan y propósito a la propia existencia. Este proyecto de vida permitirá al adolescente saber a dónde quiere llegar, quién quiere llegar a ser, conocer su vocación y misión lo que le permitirá acercarse con mayor convicción a su plenitud.
Ante la duda y confusión de saber si la elección y diseño de su plan serán los correctos, algunos adolescentes ven frustrados la realización de sus sueños al estudiar una carrera profesional la cual no es de su total interés; dedicarse a una tarea por obligación o creer que su futuro debe ser parecido al de sus padres o conocidos. Lo único que garantiza el no seguir sus propios anhelos y metas por más diferentes que puedan parecerles a sus padres y amigos, es la infelicidad.
Debido a que cada persona siente, sueña, y cuenta con distintos valores, ideales y expectativas, el proyecto y misión de vida debe ser personal. Para ello es importante estar dispuestos a adentrarnos en nosotros mismos con objeto de conocer nuestras propias capacidades, limitaciones, gustos, preferencias, necesidades, temores, éxitos, fracasos, pasado, presente, futuro, modelos a seguir y motivaciones para lograr un autoconocimiento. El cual nos permitirá situarnos ante preguntas como ¿quién soy yo?, ¿quién quiero ser? y ¿quién puedo ser?
Ante este reto existen diversos programas de orientación educativa y vocacional dentro de las escuelas que pueden ayudar al adolescente a lograr dicho conocimiento por medio de la realización de ejercicios, dinámicas, cuestionarios así como actividades las cuales en su conjunto, ofrecen un mayor panorama y visión de su propia persona. La honesta resolución y correcta interpretación de estas pruebas evitaría en gran medida futuras frustraciones además de decepciones personales, así como también de los índices de reprobación y deserción escolar.
Una vez que se ha empezado a trazar un proyecto de vida es importante reflexionar sobre la propia misión. Todos tenemos una misión vocacional independientemente de los estudios, que se proyecta por medio de una motivación intrínseca, donde la obtención de la propia satisfacción y plenitud personal permite sentirse realizado y completo; desempeñar aquellas actividades u oficios no con el afán de conseguir prestigio, poder, dinero, reconocimiento, bienes materiales o estabilidad económica, sino por el simple hecho y gusto de trabajar en ellas, pues por sí solas son la mejor recompensa.
Los valores toman un papel relevante al momento de diseñar un proyecto de vida, debido a que ayudan a tomar decisiones congruentes con lo que se cree que es correcto; de modo que podemos detectar cuáles son las áreas, elementos o aspectos más importantes e influyentes en la vida de cada persona gracias a esta escala de valores. Sin embargo si los factores extrínsecos y monetarios son predominantes de tal manera que guardan una mayor importancia que los intrínsecos y universales (como el amor a sí mismo o al prójimo) se estarán dejando de lado los verdaderos afectos así como los sentimientos, alejándose como consecuencia tanto de la propia felicidad como de la misión en la vida.
Todos tenemos una misión qué realizar, la cual posee el propósito eminente que busca la trascendencia personal y colectiva a través de un fin. La realización del proyecto de vida nos ayuda a conocer cuál es esta misión, así como reconocer en qué modo nos sentimos comprometidos hacia las personas que nos rodean.
Si todos fuéramos conscientes de cuál es nuestra misión en la vida, de realizar con gusto nuestra vocación, la desempeñaríamos con amor. Siendo capaces de observar día a día como cada quién viviría con plenitud porque tiene la oportunidad de servir y colaborar en la felicidad de los demás por medio de su profesión y servicio.
Por tanto, el alcance de un proyecto de vida incumbe a quién lo desarrolla como al que cohabita a su lado, pero entonces en qué momento se encuentra el adolescente para diseñar el suyo y encontrar su misión? A este reto, puede recurrir con el orientador o psicólogo de su escuela, capacitado en esta área para que le brinde el apoyo y asesoría necesaria, él puede ayudar a descubrir la verdadera vocación del adolescente.
* Luz Katzumi Flores Ríos es psicóloga
Fuente: Flores Ríos, Juventud y proyecto de vida en Boletín demográfico No. 70, agosto 2008, Baja California México.
Mexicali, Baja California a 20 de febrero de 2009.