R 10 - 09 - Enseñar a pensar mediante la resolución de problemas y estudios de casos.
Luis Guillermo Moncayo González*
Este artículo presenta algunos consejos para que el docente promueva el pensamiento reflexivo en su salón de clase.
Una de las preocupaciones del profesor de hoy debe ser enseñar a pensar de manera reflexiva, crítica y creativa, labor lenta y difícil pero quizá la más útil para el estudiante. De nada sirve que el alumno acumule mucha información si no la comprende o no encuentra qué hacer con ella.
Afrontar con inteligencia nuevas situaciones requiere pensar, pero no podrá hacerlo con eficiencia si ejercita con preferencia el pensamiento memorístico y deja en segundo término la ejercitación del pensamiento reflexivo y creativo. El alumno no encontrará sentido a las cosas hasta que capte el significado de ellas y esto sólo se logrará a partir de esto último; puede decirse que el dominio de una materia o disciplina es más fácil cuando el alumno desarrolla habilidades en esta forma de pensar y con ello la capacidad para aplicar con propiedad los conceptos y procedimientos de la disciplina que estudia.
Uno de los medios para desarrollar el pensamiento reflexivo es el planteamiento de problemas en clase, tanto en lo individual como en lo colectivo; tarea que se torna compleja, dado que el alumno ha de utilizar el conocimiento de manera significativa para su resolución, trabajar en representarlo concretamente, identificando el estado inicial, las contradicciones así como obstáculos para solucionarlo; además es necesario buscar (investigar) los datos faltantes o esquemas similares, inventar (creatividad) soluciones alternativas, tomar decisiones aprovechando sus conocimientos anteriores (metodológicos y conceptuales sobre la materia) y los nuevos obtenidos por la investigación, experimentar al trabajar con las alternativas así como evaluar el proceso como producto.
De esta manera el trabajo por problemas puede ser:
- Multidimensional porque involucra una variedad de acciones.
- A largo plazo. No es una simple pregunta que se contesta rápidamente con un sí o un no, implica una serie de operaciones que requieren de mayor esfuerzo.
Un problema no es otra cosa que una dificultad, cuestión o estado de perplejidad que puede resolverse mediante el pensamiento reflexivo. Durante mucho tiempo se pensó que éstos podían ser utilizados únicamente en matemáticas, pero la escuela de hoy, que no rinde culto a la memoria y aspira a la comprensión e ingenio, lo ha hecho extensivo a todas las materias, del trabajo escolar.
Es necesario que el alumno transfiera con eficacia lo que aprende en el aula. La escuela de nuestros días considera que el conocimiento será más atractivo y funcional cuando se deje al ingenio del educando la resolución de problemas más análogos o idénticos a los de la vida real; asimismo, deberá aprender el oficio de pensar, pensando. No aprenderá a resolver problemas si no practica la resolución de éstos; se aprende a hacer, haciendo.
Sin embargo, el estudiante tiene poca posibilidad de enfrentar su pensamiento reflexivo cuando se limita a copiar o seguir la única estrategia propuesta por el profesor, por ello debe ejercitarse para aprender a reconstruir procesos en busca de alternativas y tomar decisiones a fin de solucionarlos. Para que el alumno aprenda a solucionar los problemas debe de tener conciencia de que existe o está enfrente de:
- Falta de conexión o presencia de lagunas en lo que sabemos, percibimos y/o lo que planeamos hacer.
- Surgimiento de contradicción entre lo que vemos y creemos que debe ser, entre afirmaciones de saberes empíricos y teóricos, así como éstos y su aplicabilidad.
- De la existencia innecesaria de complicaciones en la construcción y expresión de ideas y/o planeación, organización, acciones o procesos.
Si el profesor aspira a que sus alumnos logren aprendizajes por descubrimiento, por ser éstos significativos, entonces debe estimularlos para que realicen indagaciones a partir de un problema. Se dice que una enseñanza tiene sentido para el educando en la medida que la situación o problemas que el maestro le presente, le resulten reales o valiosos. Un buen docente dirige a sus alumnos en la resolución de situaciones reales, más que conformarse con sacarlos de los libros de texto.
El docente debe tener en cuenta que los problemas de la vida real no están estructurados como los presentados en los libros de texto, donde generalmente se hace un análisis y toma decisiones sencillas; debe enseñar a resolver cualquier tipo de situación: problemas estructurados y no estructurados.
Con los primeros el alumno cuenta con la información o los recursos, pues están en el texto o exposición del profesor, además la meta está muy clara, pues se le dice qué tiene que encontrar, componer, producir o resolver; en tanto que los no estructurados tienen restricciones, obstáculos o causas que al principio no son muy comprensibles; al igual que los recursos y algunas veces la meta tampoco, por lo tanto requiere más trabajo para clasificarlos, así como tomar decisiones sobre las diferentes alternativas para lograr su solución.
Como ejemplo de ello las generalizaciones que creemos ofrecen una probabilidad razonable de solución, o al menos de acercarnos a ella, como las siguientes:
“Simplifique el problema, subdivídalo en subproblema y consecuentemente en subobjetivos”. “Piense en un problema conocido que tenga el mismo tiempo en incógnitas y que sea más sencillo”, etcétera.
Los casos en pedagogía pueden ser reales o diseñados en la calidad de simuladores didácticos, con el propósito de que el escolar realice los ejercicios en el aula. También puede presentarse a los estudiantes en varias situaciones como las siguientes: una situación real, un expediente, exposición oral o escrita con estilo narrativo o descriptivo de manera detallada y exhaustiva de la situación en que se dan las acciones de la(s) persona(s), en películas, videos, información en CD, una audiograbación, escenificación, esquemas, diagramas con el modelo de una situación, etcétera.
El estudio de casos, es otra alternativa que puede trabajarse con fines investigativos ya sea de manera individual y/o socializada. El docente al presentarlo debe instruir sobre el propósito y las acciones de investigación. Los alumnos pueden, primero de forma individual y luego por equipos, analizar los hechos, diferenciándolos de las opiniones, no obstante es recomendable que el informe de conclusiones se socialice, asimismo deberá tenerse en cuenta que el trabajo en casos y problemas permite desarrollar habilidades de pensamiento.
* Luis Guillermo Moncayo González es colaborador en la revista enlace educativo de la Secretaría de Educación de Jalisco.
Fuente: Tomado de la Revista Enlace Educativo, No. 43, septiembre 2008, Jalisco, México.
Mexicali, Baja California, 20 de marzo de 2009.