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07 de Septiembre de 2010.
Síntesis de Evaluación

R 13 - 09 - Jóvenes: educación o violencia
Roger Díaz de Cossio*

El propósito de este artículo es crear conciencia sobre el reto que representan los jóvenes en la sociedad mexicana.

Cerca de 33 millones de personas mayores de quince años se encuentran en rezago educativo, o sea no terminaron la secundaria, o la primaria o son analfabetas. Pero más grave es aún el fracaso de cerca de seis millones de jóvenes entre 16 y 19 años de edad.

Según el INEGI en 2005 la población mexicana en esta edad era de cerca de ocho millones de personas de las que sólo se encontraban estudiando la mitad, lo cual significa que cinco de cada diez ya no entran a ningún tipo de bachillerato. Situación que se agrava al desertar los alumnos, asimismo, por razones económicas no terminan el ciclo 40% o porque no les gusta lo que están haciendo. Además de los cinco que entraron sólo tres terminan el ciclo continuo, si sumamos que cada año sólo ingresan cinco de cada diez, en un ciclo de tres años se dejan de atender a seis millones de jóvenes.

Los población de esa edad que no están estudiando pueden ocupar trabajos irrisorios como cerillos, franeleros, merolicos, payasos en la calle, ayudantes de cocina o también emigrar, trabajar de mulas, mensajeros, vigilantes en organizaciones criminales, donde estos trabajos sí tienen futuro, de este grupo saldrán los nuevos reclutas y sangre nueva de la mafia.

El problema es más grave pues los que ahora tienen 15 años tendrán 35 en veinte años y sólo entre el 20 y 30% contará con una educación para tener puestos sustantivos de trabajo. En lo subsecuente, Díaz de Cossio plantea algunas propuestas concretas para resolver esta situación.

Es importante señalar que las autoridades educativas están dando importancia a la educación media superior, pero el ansia centralista sigue estando presente, la obsesión por las competencias, considerar la educación media superior en sí misma para hacer las propuestas de cambio, sin tomar en cuenta los ciclos adyacentes como secundaria y centrarse sólo en lo educativo y lo estrecho del bachillerato.

Lo centralista

Se ha propuesto a los alumnos un certificado nacional de bachillerato si las escuelas cumplen ciertos requisitos, adicional al que obtengan en su escuela de origen. Además se ha dicho que todos los planes son aceptables, siempre que se introduzca en la enseñanza de ciertas competencias (que los cambios se hagan como los quiere el centro). Existen más de 300 planes de estudio diferentes entre sí, lo que significa una saludable diversidad que no conviene romper, el centro puede sugerir los lineamientos para los cambios, pero no un plan único como el de secundaria; lo que hay que cambiar de fondo es la Ley Nacional de Educación.

La obsesión por las competencias

La formación por competencias tiene su origen en las aportaciones del mundo del trabajo y ha llegado a la educación debido a la detección de la incapacidad de muchos estudiantes y profesionistas de no saber qué hacer con los conocimientos adquiridos. Pensar en la demostración de lo que se sabe en escenarios reales de trabajo e incluso, trasladarlas o desarrollarlas a otros escenarios laborales es lo que se conoce como formación de competencias profesionales. Lo anterior no es un asunto técnico, que conlleva un nuevo sentido y una definición de lo educativo, con sesgos políticos, ideológicos, éticos y claro está, pedagógicos.

Sin embargo en 1992 la educación por competencias (aún inconclusa en países como Inglaterra y Australia, donde al final fallaron) se vio como la salvación del sistema educativo aplicándose a rajatabla en todo el sistema de educación tecnológica, sin embargo se fracasó a pesar de haber gastado cientos de millones de dólares del Banco Mundial y del Interamericano.

¿Por qué fracasó?, porque la educación es un asunto de múltiples soluciones. No existe sistema alguno que por sí mismo resuelva todos los problemas del aprendizaje y la enseñanza. La propuesta trató de aplicarse como la salvación a todos los problemas y fue rechazada por amplios sectores docentes, no fue comprendida por miles de alumnos, otra opción hubiera sido si se presenta como una opción más, útil para ciertos saberes y niveles, donde hubiera encontrado un sitio en las maneras de aprender y enseñar, sus restos siguen circulando en el sistema educativo como una verdad absoluta y no como lo que es, una moda, una opción más.

En los bachilleratos presenta muchos problemas conceptuales para su aplicación, ¿Cómo se evalúa que los alumnos las aprendieron?, a no ser que sea tan conciso como leer un libro y hacer un resumen coherente de diez cuartillas, en ciencias sociales e historia es un poco más complicado; en tanto que en matemáticas los problemas por nivel de complejidad, fácilmente pueden expresarse como competencias y nada más. Estas sólo se expresan como buenos deseos, pero no se pueden evaluar ¿Cómo compruebo que alguien es bondadoso, inteligente y honesto?

Las competencias son sólo una opción que nos ha llegado de los países desarrollados, así como cuando se pensó que la educación por objetivos (Bloom) sería la solución a estos problemas.

Educación media superior

El bachillerato no es más que un escalón que nació cuando Moisés Sáenz en 1925 le quitó tres grados para crear la secundaria, permitiéndole al sistema crecer más aprisa.

No se debe ver la educación media superior por sí misma, sin las conexiones con secundaria y hacia el nivel superior, principio que hoy impera. La educación media superior debe verse desde todas las aristas, sociales, culturales y principalmente laborales. El problema no sólo se arregla con incrementar la oferta de bachilleratos, hay que lograr que los alumnos terminen, situación bastante aún compleja.

Pero ¿Qué cabría hacer?, primeramente transmitir la preocupación y responsabilidad a los directores de escuela, después designar un funcionario de tiempo completo en cada una de ellas, consejero de los alumnos, cuya única responsabilidad sea hablar con ellos y sus padres para evitar que deserten. Con cierta experiencia se pueden identificar a los alumnos que posiblemente no terminen. Como las malas calificaciones y reprobación frecuentes, numerosas inasistencias, situación de pobreza notoria, alumnos con familias divididas, conductas rebeldes, etcétera.

Dicho asesor deberá tener acceso total inmediato a toda la información sobre los alumnos del plantel así como de los comentarios directos que los docentes pudieran hacerle, además de un pequeño fondo para becas.

Las dos causas principales por las que los alumnos desertan son por razones económicas y porque no les gusta lo que estudian. Otra posibilidad es otorgar al estudiante un número reducido de materias que sí pueda llevar, así como hacer ver las consecuencias en caso de que deserte. Un consejero hábil y experimentado podrá convencer al menos a la mitad de los estudiantes con problemas, lo cuál sería un éxito. La inversión en consejeros para las escuelas es bastante más pequeña que la que se necesita para expandir este nivel.

Los bachilleratos desde Barreda hasta nuestros días continúan siendo enciclopédicos, atiborrados de materias y preparan débilmente para el trabajo. Los alumnos siguen reprobando matemáticas y no terminan de estudiar a pesar de los innumerables cambios en planes de estudio, lo que se ha incrementado en nuestros días con el gran crecimiento exponencial y extraordinario del conocimiento en el siglo XX; saber que está impregnado con las siguientes características:

  • Es enciclopédico, se pretende que los estudiantes sepan de todo: ciencias naturales, sociales, matemáticas e idiomas.
  • Está atiborrado de materias, muchas más de las que los estudiantes pueden aprender con soltura y plenitud
  • Tienen que asistir entre 30 y 40 horas por semana a la escuela, con lo que no tienen tiempo real para estudiar en casa.
  • Los estudiantes brincan tanto de un tema a otro que al final no saben nada.
  • Es rígido el plan de estudios, no se puede cambiar.
  • Ocasionalmente hay dos o tres materias optativas, no se admiten programas reducidos para los alumnos que trabajan.
  • Los planes no preparan para el trabajo específicamente, salvo pequeñas excepciones como los bachilleratos que se combinan con trabajo en la industria.

Por lo que un plan flexible tendría que contar con al menos cinco características:

  • Que el alumno pueda escoger de un menú de asignaturas, aunque sea pequeño.
  • No tener que llevar más de cuatro, quizá cinco materias simultáneamente.
  • Aceptar planes reducidos.
  • No tener más de 20-22 horas a la semana de clase directa para permitir trabajo en casa al menos de 20 horas y contar con una amplia biblioteca para todas las asignaturas y exigir en todos los cursos que los alumnos lean varios libros, hagan resúmenes coherentes y los presenten por lo menos ante sus compañeros.
  • Las disciplinas pueden dividirse convencional y arbitrariamente en los siguientes grupos: 1) Redacción: práctica del español oral y escrito usando contenidos de las demás asignaturas; 2) Matemáticas; 3) Ciencias Naturales: química, física y biología; 4) Ciencias Sociales: historia, sociología, antropología, psicología, ciencia política; 5) Humanidades: literatura, teatro, idiomas, artes plásticas, música y 6) Capacitaciones: computación, dibujo industrial, herrería, carpintería.

Los alumnos tendrían que escoger redacción y matemáticas, una asignatura de ciencias naturales y otra de sociales, una de humanidades o una de capacitación. Todas las asignaturas estarían distribuidas en seis semestres. Un programa normal para un alumno sería por el ejemplo:

Semestre      6hs/sem             6hs/sem            3hs/sem           3hs/sem              3hs/sem
1º a 6º         Redacción        Matemáticas           Física          Antropología         Computación

Con estas materias el alumno estaría preparado para ingresar a cualquier carrera universitaria, desde derecho hasta ingeniería, podría tener trabajo aplicando los conocimientos de computación, y así se pueden manejar cientos de combinaciones.

También debe pensarse en bachilleratos que atiendan al mismo tiempo escolares y adultos (mayores de 18 años) que tienen otras necesidades, aquí habría que aumentar el porcentaje de capacitaciones y dejar en toda libertad a las entidades federativas para que los diseñen y pongan en marcha planes adecuados a sus circunstancias.

Se pueden crear institutos o centros estatales o municipales que ofrezcan asignaturas hacia el bachillerato, También podrían ampliarse las facultades de los actuales institutos para adultos que acreditan hasta la secundaria, o por la acreditación del bachillerato mediante examen.

Para los jóvenes adolescentes los deportes y la cultura son esenciales, más que las materias disciplinarias, por lo que debería hacerse un esfuerzo  para atender a los jóvenes de 15 a 18 años, disminuyendo con esto la delincuencia en forma notoria, a la par se ofrecerían en estos centros cursos de capacitación en materias atractivas e interesantes para jóvenes como computación, redacción, lectura, talleres de manualidades, plomería, etcétera.

Aspectos laborales y sociales

Los jóvenes sin futuro representan un problema social grave, de continuar así nos estaremos suicidando como sociedad. Debe hacerse conciencia entre la sociedad y los empleadores que deberían generar oportunidades de trabajo para jóvenes, más allá de los cerillos de supermercado.

Debe modificarse la Ley de Trabajo para que nuevamente se permita a empresas contratar aprendices, sin tener que darles todas las prestaciones del trabajador. Hasta antes de 1965 se podía contratar hasta diez aprendices y al final quedarse con sólo un empleado permanente, lo cual generaba grandes oportunidades de trabajo y capacitación para los jóvenes, en tanto los empresarios podían reunir fondos para otorgar becas en sus empresas. Debe diseñarse una encuesta permanente para que se aplique a muestras representativas de jóvenes al menos cada dos años a fin de lo que les gustaría estudiar, cuáles son sus aspiraciones o sus necesidades. Como la prevención a la violencia delictiva, sus enfermedades o cómo hacer para que los jóvenes puedan trabajar, entre otros.

 

* Roger Díaz de Cossio es Coordinador de Ingeniería de Sistemas del Instituto de Ingeniería de la UNAM.
Fuente: Díaz de Cossio, Roger, Jóvenes: educación o violencia en Revista Este País, marzo, No. 216, México.

 

 

Mexicali, Baja California, 15 de abril de 2009.